El pasado 11 de enero, el Gobierno convocó a elecciones municipales y regionales 2018 para el periodo 2019-2022. Los peruanos una vez más acudirán a las urnas el 7 de octubre y deberán escoger a sus autoridades entre la gran cantidad de ciudadanos que aparecerán con el lema: “Quiero trabajar por el desarrollo de mi pueblo; tengo vocación de servicio”.

Claro, a ello hay que sumarle las promesas que traerán bajo el brazo para buscar el respaldo del electorado. Algunos se presentarán como los salvadores de los pueblos; sin embargo, como nos recuerda nuestra triste historia democrática, gran parte de quienes tuvieron la delicada responsabilidad de gobernar fracasaron; no solo eso, sino que se ensuciaron con actos de corrupción, robando el poco dinero que recibieron para ejecutar obras en beneficio de pueblos necesitados de desarrollo y así dejar esa postergación en la cual están sumidos.

La corrupción, tal como señaló hace poco un ministro, provoca la pérdida de 19 mil millones de soles cada año al Estado; es decir, a todos los peruanos nos roban y con esos recursos los menos favorecidos podrían salir fácilmente de la condición económica en la que se encuentran, en especial accediendo a servicios básicos como agua, saneamiento, electricidad, educación y salud.

Entre los diversos mensajes del papa Francisco I -quien hoy concluye su exitosa visita pastoral al Perú- destacan sus breves frases dedicadas a la corrupción, denominada por él “virus social”, que debe demandar una lucha que nos compete a todos para vivir en esperanza y unidad.

Por eso, en octubre hay que excluir a los corruptos. Sí.

Fuente Diario Correo

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