El Congreso de la República vuelve a estar en el centro del debate público tras el anuncio de una nueva adquisición tecnológica: tablets de última generación destinadas a facilitar las votaciones remotas y presenciales de los parlamentarios.
La medida, impulsada por el presidente de la Mesa Directiva, Fernando Rospigliosi, busca automatizar el proceso legislativo mediante herramientas de reconocimiento facial, permitiendo que los legisladores ejerzan su derecho al voto desde cualquier parte del mundo.
Un sistema de “botón rojo y verde” en el Congreso
Según explicó Rospigliosi, la intención es simplificar la dinámica parlamentaria. “Allí se podrá votar, al igual que se vota con el teléfono: un botón rojo, un botón verde, un botón amarillo. Eso se va a instalar lo más pronto posible”, afirmó el titular del Pleno.
Mientras se concreta la instalación física en los escaños, los congresistas utilizarán sus dispositivos móviles personales para sufragar, aunque con una restricción importante: en sesiones presenciales, el uso del teléfono para votar estará limitado exclusivamente al perímetro del hemiciclo.
¿Gasto justificado o exceso innecesario?
La noticia no tardó en levantar suspicacias entre diversos sectores que califican la compra como un despilfarro de recursos públicos. Ante las críticas, Rospigliosi fue enfático al señalar que no se vulnerará la austeridad fiscal. “Está establecido que el Congreso no puede gastar más del 0.6% del presupuesto. No hay posibilidad de un incremento de gasto salvo que haya una modificación constitucional, así que eso no va a ocurrir”, aseguró.
Para la gestión actual, esta compra se enmarca en un plan de “modernización y restauración” que incluye también intervenciones arquitectónicas en la planta física del Palacio Legislativo. Sin embargo, para gran parte de la ciudadanía, estas renovaciones representan un “capricho” que refuerza la percepción de un Congreso frívolo y desconectado de las urgencias nacionales.
En la última legislatura del quinquenio, el Parlamento se enfrenta al reto de demostrar que la tecnología servirá para mejorar la productividad legislativa y no solo para facilitar el ausentismo bajo la fachada de la modernidad.
Fuente Willax

