La necesaria reforma integral del sistema de justicia, que demanda –con justa razón– cada peruano, requiere del compromiso de todos, más allá de las responsabilidades asumidas por los tres poderes del Estado y las acciones emprendidas para superar la crisis política que vive el Perú.

Por muchos años, la corrupción ha formado parte del escenario nacional; sin embargo, la indiferencia fue más grande que la determinación y el liderazgo para exterminar este flagelo, que tanto daño le ha hecho y le sigue haciendo a nuestro país.

En las últimas semanas hemos sido testigos de numerosos hechos que han remecido a nuestra Patria, próxima a cumplir el Bicentenario de su Independencia, porque advierten lo enquistada que está la corrupción en nuestra sociedad y lo urgente que es adoptar medidas eficaces y eficientes para erradicarla.

Los audios en los que se escuchan a altos funcionarios del sistema de justicia dejan al descubierto actos reñidos con la moral y legalidad, y han movilizado a miles de peruanos a las calles para gritar al unísono: ¡Basta ya! y reclamar acciones inmediatas.

Desde el primer día en el Gobierno, el presidente de la República, Martín Vizcarra, señaló que su prioridad será la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento de las instituciones democráticas del país. Tras la crisis suscitada, ha ratificado su firme compromiso y ha afirmado que le hará frente al flagelo “cueste lo que cueste y caiga quien caiga”.

Ante el difícil escenario, el Jefe del Estado ha mostrado el liderazgo necesario y anunció la conformación de una comisión de reforma del sistema de justicia, presidida por el exministro de Relaciones Exteriores Allan Wagner, que trabaja en el diseño de un proyecto que será presentado por el Poder Ejecutivo el 28 de julio.

El Mandatario ha subrayado que se está actuando con rapidez y seriedad para generar los cambios que todo el Perú reclama y que la reforma integral debe permitir construir un sistema judicial eficaz, oportuno, eficiente e incorruptible.

Ya ha adelantado que en los próximos días se empezará a implementar una serie de cambios para reformar el sistema de administración de justicia porque “no hay tiempo que perder”.

Asimismo, el presidente Vizcarra ha formulado un llamado a la ciudadanía para que asuma una función fiscalizadora, a fin de evitar que ese cáncer se institucionalice; también ha expresado su fe en que todos juntos podemos cambiar el país.

Así, las acciones emprendidas por el Ejecutivo están encaminadas a que la población vuelva a confiar en sus instituciones y autoridades, y estas últimas deben actuar a la altura y no olvidar que deben servir al Perú y no servirse del Perú.

No solo debemos sentirnos orgullosos por retomar la senda del crecimiento económico y destacar entre los países vecinos de la región –lo que es, sin duda, una excelente noticia–, sino también por tener una sociedad sana y solvente moralmente, fruto de haberle hecho frente, con determinación y valentía, a ese enemigo número uno del Perú llamado corrupción.

Fuente El Peruano

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

cinco × 5 =

Translate »