El país sigue sumido en escándalos de corrupción que devienen de la política, la empresa, los diversos niveles de gobiernos, y los distintos poderes del Estado. Lo cual, está produciendo unas cotas de desconfianza ciudadana nunca antes visto.

La situación que vivimos, sin embargo, es consecuencia de mucho tiempo en que, se sospechaba, pero no llegaba a comprobarse, los famosos “diezmos” que recibían quienes manejaban los presupuestos públicos, para favorecer a tal o cual empresa: del presupuesto total de la obra, dicen que debía considerarse el 10 por ciento para el burócrata de turno.

Ni qué decir del sistema judicial que tampoco ha gozado de buena fama, en lo que se refiere a acelerar los pasos de un expediente o favorecer a determinada parte, a cambio de dádivas más o menos significativas. Lo mismo, los partidos políticos que, tantas veces, han actuado con falta de transparencia sobre los aportes económicos que reciben.

¿Cuál es la novedad, entonces? El uso de la tecnología, sin duda, que permite: ver, oír, registrar y difundir, actos corruptos y delictivos –o que se muestran como tales- de los que podemos ser casi testigos presenciales. Si bien la comunicación ha mejorado notablemente por el uso del teléfono celular móvil, también lo han hecho los sistemas digitales de “inteligencia”, no nos referimos sólo a la del Estado, sino a cualquiera que desee conocer el contenido de las comunicaciones.

Las grabaciones de un congresista, no sólo produjeron la renuncia de un ministro; sino hasta de un Presidente de la República. Los numerosos audios, entre altos magistrados del Poder Judicial y más involucrados, provocaron su encarcelamiento. Las imágenes que entregó Migraciones, la manera como pudo huir al extranjero un Juez Supremo y el encarcelamiento de una empleada de esta institución. Aunque no sucedió lo mismo con las imágenes que captó un hotel, de un hombre arrastrando del cabello a una mujer, porque fue declarado inocente de ese acto de violencia que todos vimos por TV.

Vivimos en una casa de cristal, dentro de la comedia del Gran hermano. Bien, si es la única manera de poseer pruebas contra el delito; pero mal, cuando se cree ver lo que no  es, se manipula contenidos, se escoge una parte de la historia sin contexto, o se entrega –gota a gota- como si se tratara de una telenovela, con afán de escandalizar y, no tanto, de ayudar a curar el mal.

El poder del teléfono móvil que permite grabar escritos, sonidos, imágenes y difundirlos en tiempo real; es una herramienta potente para prevenir la corrupción y el delito; porque muchos se lo pensarán dos veces antes de cometer actos impropios. Pero, es necesario también que haya una protección a la intimidad de las personas, de la que todos tenemos derecho.

La mejor manera de combatir la corrupción será siempre apostando por la mejora de la educación en la familia, la escuela, la empresa, la universidad y, sobre todo, a través de los medios de comunicación y sus diversas plataformas tecnológicas. Sin embargo, no terminamos de creerlo. Sin una cultura ética y una sociedad civilizada, no podremos ganar el trofeo a la integridad.

(*) Profesora de CENTRUM-PUCP, GBS.

Fuente Diario Expreso

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

14 + cinco =

Translate »