Entrevista. El dirigente reflexiona sobre la preocupación que el tema de la corrupción genera en el sector privado, y los esfuerzos que hace un grupo de empresarios para sembrar una cultura de integridad, pero que quede plasmado en un sello de garantía.

–La figura del empresario está en crisis por las denuncias de corrupción en este sector, ¿qué reflexión le merece esta situación?

–Hay empresarios que siempre han actuado bien, y hay otros que no lo han hecho así. Entre estos últimos están los que no tienen las cosas claras o buscan una justificación para hacerlo, y los hay también los que lo hacen por cierto desconocimiento.

Lamentablemente, en el Perú la corrupción ha sido “normal” para los trámites o ganar una licitación.

–¿Cómo nace Empresarios por la Integridad, y qué diferencias tiene con respecto a otras iniciativas empresariales que también pretenden desterrar la corrupción?

–Lo que buscamos es ayudar a resolver lo que es el principal problema que tiene el Perú, la corrupción, y lo queremos hacer de una manera positiva y propositiva. En Empresarios por la Integridad creemos en el buen actuar de los empresarios, y buscamos promover este mensaje y generar el ambiente de cambio necesario.

Somos una entidad que se suma a otras, no compite con otras, además nosotros proponemos una iniciativa muy concreta, el certificado “Cero Soborno”.

–Diría que ahora los empresarios son conscientes no solo de su compromiso de lucha contra la corrupción, sino que esto no quede en el discurso, y que tiene que visualizarse.

–Creo que sí, los últimos casos de corrupción, en especial Lava Jato, nos ha hecho entender que esta situación es insostenible, tan es así que la lucha contra la corrupción ha sido el principal tema de agenda en el reciente CADE de Paracas. Si queremos hablar en serio de competitividad y sostenibilidad, tenemos que resolver primero la corrupción.

Estamos en una situación difícil e histórica, heredada de muchas décadas atrás, y eso afecta a la imagen de los empresarios en general. Queremos empezar un cambio cultural que sea permanente en el tiempo.

–¿Cuántos empresarios participan de esta iniciativa y en qué consiste el certificado “Cero Soborno”?

–Somos 50 empresarios fundadores, y lo que buscamos con el certificado “Cero Soborno” es que las empresas lo implementen no solamente por temor a las sanciones que establece el Decreto Legislativo 1385, sino que lo hagan con la convicción que es hacer lo correcto para la organización, para las personas que trabajan, para su cadena de valor, para sus clientes, y para su reputación.

Ahora bien, este certificado no es solamente un trozo de papel, las empresas tienen que postular, y para hacerlo primero deben implementar todo un sistema de prevención, como ya lo exige la ley. Hablamos de un código de ética, tener identificado los espacios de riesgo de la corrupción dentro de sus organizaciones, canales de denuncia, protocolos de respuesta, además de un compromiso genuino de sus directivos de no tolerar la corrupción.

Esto será comprobado por una empresa especializada, y el hecho de obtener este sello va a traer muchos beneficios en la calidad de la empresa. Estamos hablando de tranquilidad a los colaboradores y empleados, que su centro de trabajo no se va a ver involucrado en estos hechos que pueden poner en peligro su continuidad laboral.

Pero lo más importante, esto enriquece la proyección social de la empresa y sirve como un mecanismo de prevención, porque otras empresas y las mismas entidades públicas van a saber que esta organización, con certificado Cero Soborno, no da ni tolera coimas.

–Me imagino que este certificado será entregado por certificadoras internacionales, ¿ya se eligió a esta compañía?

–Estamos terminando de evaluar y definir, esperemos que sea más de una [certificadora] para que haya competencia, con un precio accesible. No podemos mencionar a ninguna aún, pero eso lo vamos a hacer a más tardar en febrero.

–¿Cómo desterrar esa cultura que han tenido los empresarios de ver el soborno como un medio para obtener resultados?

–Ese es el objetivo y sé que la tarea no es fácil, pero es necesario un cambio y nosotros los empresarios estamos obligados a liderar con el ejemplo. ¿Va a demandar un tiempo? Sí, porque como bien dices, este razonamiento está enraizado, pero tenemos que hacerlo, hasta que lo normal sea actuar con integridad.

Los empresarios y la política

–¿Cómo debería ser una relación saludable entre el sector privado y la política? Se lo pregunto porque la corrupción que afecta al sector privado se da precisamente en su relación con el poder político.

–Te lo respondo con lo que dijo un senador y un empresario chileno en la reciente CADE: la integridad no se logra dividiendo lo público de lo privado. El sector privado debe ser un agente activo para promover mejores políticos, no necesariamente empresarios haciendo política, sino personas con los objetivos nacionales claros.

Los empresarios tenemos que crear observatorios, que puedan monitorear el impacto que tienen las leyes y las regulaciones en la actividad productiva, manteniendo un diálogo fluido con las distintas entidades de gobierno, pero no para proteger intereses particulares, sino los intereses nacionales y de largo plazo.

–¿Los empresarios deben financiar campañas electorales?

–Bueno, con las reformas aprobadas en el referéndum, las empresas ya no van a poder financiar campañas electorales. Los empresarios como personas sí pueden hacer aportes, pero lo que debemos exigir es que se haga de manera transparente, de forma bancarizada, y teniendo mucho cuidado con los conflictos de intereses.

Ya no debe haber secretismo, ya sea porque algún aportante no quiere aparecer o porque se quiere esconder un evidente conflicto de intereses. Todos queremos que casos como el de Odebrecht, y el financiamiento ilegal a campañas presidenciales, no debe volver a suceder.

Fuente El Peruano

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