CONTRALORÍA. Uno de los puntos clave para que el país avance es reconstruir su institucionalidad. Eso no se logra incumpliendo la ley. Lamentablemente, las recientes denuncias aparecidas en la prensa evidencian una aceptación tácita a los audios ilegales, en ninguno de los casos (contralor-procurador del Congreso/ministro de Economía- contralor) se ha criticado la manera en que ese audio se generó. Se ha ido directamente al contenido aceptando como normal que se pueda grabar a otra persona sin su conocimiento, lo cual solo alentará la desconfianza que ya existe entre las diversas autoridades del país.

A pesar de ello, lo visto —o escuchado— en estos últimos días afecta la reputación de nuestras autoridades. En el caso de Édgard Alarcón, por la naturaleza misma de la institución la situación resulta más grave. Siendo una persona de carrera, el actual contralor debería pensar qué es lo mejor para su institución y dar un paso al costado para que lo sucedido no afecte también la integridad de la Contraloría. Ya hace casi un año advertimos que las denuncias planteadas en su contra, cuando fue elegido, harían mella en su labor (Gestión 15.06.2016).

Por el lado del Ejecutivo, a pesar del paso positivo que significó dejar de lado el contrato con Kuntur Wasi, más de un miembro del Gabinete ha quedado con la imagen dañada, bajo un manto de sospechas que la población percibe como corrupción. Frente a ello, bien harían en realizar una autocrítica que los lleve a evaluar la permanencia de algunos ministros.

Pero más allá de las personas, se hace necesario revisar la forma de trabajar de la Contraloría y la manera como autoridades y empresarios se relacionan con ella. Los funcionarios públicos siempre se quejan por su accionar y buscan, en más de una ocasión, la forma de evadir las acciones de control. Por su parte, los empresarios que invierten en el país deberían valorar e incentivar la labor de dicha institución.

Es cierto que la Contraloría actúa más como un forense que como médico, pues siempre encuentra los errores cuando los hechos ya sucedieron. Una acción efectiva necesitaría de una labor simultánea para detectar los errores antes y evitar que un proyecto avance sin que se corrijan. El proceso de reconstrucción que está empezando debería servir para reestructurar la Contraloría, pero no pensando en el corto plazo sino en una mejora a futuro.

Fuente Diario Gestión

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