Habrá escuchado alguna vez que alguien le dio una propina a otra persona para agilizar un trámite. Que se entregó un dinerito para que el policía no imponga la papeleta o un cariñito para que la licitación  salga a favor de su empresa. Todo esto constituye actos de corrupción o de coima.

Por supuesto que no somos inmunes a los casos de corrupción. Solo basta con recordar los casos de los que todo el mundo habla: petroaudios, narcoindultos, Comunicore y ahora el fantasma de Odebrecht. Esto incluye las licitaciones, la Transoceánica y todo lo demás. Hay otra corrupción menor, hormiga, de día a día, que se vuelve tan natural que muchos la permitimos. Lo que ocurre en la calle, en una oficina del Estado, en la fila de un hospital. La corrupción es una forma de abuso del poder.

Tipos de corrupción. “Un funcionario o servidor público comete un acto de corrupción cuando recibe o solicita dinero para hacer algo o dejar de hacer algo a lo que está obligado. A eso se le llama cohecho, pero en términos comunes podríamos llamarle un soborno o una coima. Otro tipo penal es el de peculado, que consiste en que el funcionario público se apropia de los recursos del Estado para sí o para un tercero. También está la colusión, cuando el funcionario se pone de acuerdo en las contrataciones públicas para recibir dinero, en lo que se conoce como el famoso ‘diezmo’.

Cometer alguno de estos delitos podría llevar a un funcionario público a la cárcel con una pena de entre cuatro y quince años. Esto por dárselas de vivo a costa del Estado, es decir, a costa de todos nosotros.

Fuente RPP

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