La corrupción ha devenido en una herramienta de gobernanza moderna conectada a un régimen de desarrollo económico donde la banalización mediática es más protagónica que las políticas de educación. Al respecto, una cumbre presidencial debe marcar etapas visibles e innovación para la calidad de vida, si no existe esta perceptibilidad entre la población continental entonces habrá sido una feria de protocolos pro stablishment, según Gary Ayala, Petitioner de la ONU.

“El fundamentalismo de la globalización ha convertido al mercado en un modelo de vida, a la corporación de capitales en la institucionalidad constitucional, a los grandes y monopólicos medios de comunicación en las catedrales del sistema democrático; pero sobre todo, ha convertido a las personas y a los recursos naturales en componentes con valor perecible”, sostiene Ayala quien además es presidente de la Asociación por la Vida y la Paz Global.

La fuerza de las naciones está en los pueblos y no necesariamente en los gobiernos -dice- ya que aquellos trascienden al tiempo, en cambio los regímenes son coyuntura y momento; por dicha razón, los proyectos a largo plazo deben considerar el desarrollo focalizado en las generaciones de habitantes y no en los círculos de circunstancial poder. En ello, la educación puede ser la armadura contra la corrupción en un proyecto regional acordado de manera multilateral.

Asimismo, las políticas de educación, deben implementarse transversalmente en todos los sectores donde se involucre administración y utilización de recursos del Estado para desarrollar -en el largo plazo- una profilaxia sociocultural, es decir, para formar un nuevo perfil de ciudadano. La penalidad y el marco legal no establecen por sí solas una garantía para enfrentar al cáncer de la corrupción.

Fuente La República

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