Ya no resulta rentable dedicarse al narcotráfico. Demanda mucha inversión, exige el compromiso de demasiadas personas y es muy alto el riesgo de terminar en la cárcel por una delación. Son factores que desalientan dedicarse a un rubro que ha perdido su encanto para las organizaciones criminales. Mejor es convertirse en proveedor del Estado.

Un ejemplo son los hermanos ayacuchanos Toribio y Néstor Palomino Luján. Después de fracasar en varios intentos por convertirse en millonarios con la venta de  cocaína -probaron como vendedores mayoristas en el mercado interno y despachadores de decenas de “burriers” al extranjero-, y luego de haber pagado las experiencias con persecuciones policiales y temporadas en la prisión, descubrieron que  para amasar fortuna más fácil es contratar con el Estado. Con lo que ahorraron con el viejo negocio de la droga, Toribio constituyó la constructora Ebysa, y le fue tan bien que su hermano Néstor lo imitó y fundó su propia compañía, Nepal. Entre 2005 y 2013, la primera facturó 123.7 millones de soles y la segunda, entre 2005 y 2017, superó los 327.9 millones de soles. Esto es, 451.6 millones entre los dos. Algo así como 37.6 millones al año.

Los Palomino Luján se dieron cuenta rápidamente de que los contratos estatales son más rentables que el narcotráfico. Al cambio, anualmente Ebysa y Nepal ganaron licitaciones y adjudicaciones por un promedio de 11.5 millones de dólares. Para alcanzar esa cifra con el negocio de la droga, los Palomino habrían tenido que vender 11 mil 500 kilos de cocaína cada año. Les resultó mucho más fácil contratar con entidades como el Ministerio de Transportes y Comunicaciones y la Policía Nacional, además de los gobiernos regionales y de municipios provinciales y distritales. La exitosa fórmula la replicaron con sus hijos Tulio Palomino Sosa y

Néstor Palomino Mendoza para formar otras dos empresas constructoras, Pedesa y Negap. Entre las dos facturaron más de 65.7 millones de soles entre 2006 y 2018, según una investigación de La República.Que la Policía los estuviera buscando por narcotráfico, que los tribunales dictaran órdenes de captura por delitos pendientes, que los jueces los condenaran por fraguar documentos para ganar licitaciones, no fueron impedimento para que los Palomino ganaran con sus cuatro empresa 517.3 millones de soles en contratos con entidades del Estado. Una cifra que envidiaría capos de la droga como “Mosca Loca”, “Lunarejo” o “Vaticano”.

Los Palomino detectaron que la llave de oro del negocio de las licitaciones son los famosos “diezmos”, el pago de un soborno equivalente al 10% del total de la obra pública: 5% para la autoridad que accede al acuerdo y el otro 5% para los funcionarios y “lobistas” que facilitan la consumación del negociado. Como el Estado no es capaz de fiscalizar antes, durante y después, cada proceso de contratación a escala nacional, los Palomino aprovecharon la coladera y se adjudicaban lo que quisieron. Ya les cayó la Fiscalía de Lavado de Activos, pero han aprendido que mientras no reciban condena firme, pueden seguir contratando con el Estado. Los Palomino son unos verdaderos emprendedores, pero del delito. Su caso demuestra que las organizaciones criminales se modernizan más rápido que el Estado.

Fuente La República

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